Introducción
El día que tu empresa empezó a programarse sola
El problema apareció un lunes, pocos minutos antes de una reunión de gerencia.
El informe de cobranza mostraba una diferencia que nadie podía explicar. Durante meses había sido una de las fuentes más confiables del área: reunía los pagos recibidos por distintos canales, conciliaba los movimientos y mostraba qué clientes seguían pendientes. La gerencia lo utilizaba para proyectar la caja, priorizar gestiones y decidir qué cuentas requerían atención inmediata. Aquella mañana, sin embargo, las cifras no coincidían con el sistema financiero.
La reunión no podía posponerse. Sobre esos números, la gerencia iba a decidir qué cuentas gestionar primero y cuánta caja comprometer ese mes. Y los números, de pronto, no eran confiables.
Al principio pareció un error menor. Alguien pudo haber cargado un archivo equivocado o dejado una fecha fuera del rango. El equipo de cobranzas revisó los datos, repitió el proceso y obtuvo el mismo resultado. Finanzas confirmó que los movimientos estaban registrados. Operaciones verificó los canales de pago. Después de casi dos horas, alguien formuló la pregunta que hasta ese momento nadie había considerado:
—¿De dónde sale exactamente este informe?
La respuesta no estaba en el catálogo de sistemas ni en la documentación de Tecnología. Tampoco había un proveedor al que llamar o un contrato que revisar. El informe se generaba mediante una solución que una analista de cobranzas había construido dos años antes para resolver un problema cotidiano.
Fragmento de la introducción. El libro sigue esta solución desde que nació como ayuda personal hasta el día en que la empresa descubrió que dependía de ella.